Décimo noveno telegrama abierto
lunes, agosto 31, 2009
¡Que vivan las putas!, gritaba mi abuela Paula cuando se ponía alegre en las fiestas de guardar el buen juicio para sacar a lucir (a falta de ajuares) su natural euforia. Cuando no, cuando tenía que andar con cuidado, muy sobria y templado el equilibrio para que no se le cayeran ni el cántaro ni el agua, acostumbraba suplicar el amparo divino del divino ¡San Jorgen!, !San Jorgen!. A ella debemos la entronización del santo como ilustre patrono de los cántaros de agua.
