Décimo octavo telegrama abierto
domingo, agosto 30, 2009
Sí, sus siglos, su mito, aunque quiero decir su persistencia, esa manera de sobrevivirse a sí misma a pesar de nosotros habitantes, el hábito de sorprender al desencantado, al que lleva los zapatos sucios, indiferencia o prisa, con una calle íntima, un encuentro improbable, con un reducto de verde. Pero también cuando los pasajeros nos hacen un lugarcito en la última combi, y alguien al bajar nos desea buena noche.
