Poniente sur

Décimo quinto telegrama abierto

jueves, junio 25, 2009

Los seguí porque ella era bonita, muy bonita. Cruzaron el Eje Central. A él se le ocurrió decir que sería una maravilla encontrarse casualmente en ese tan transitado cruce con una persona a la que no se ha visto en mucho tiempo. Luego se le ocurrió decir que hubiera sido una maravilla encontrarse con ella, casualmente y no, en el mismo cruce y en cualquier otro lugar, pero no lo dijo. Entraron en el patiecito que está detrás de la Torre Latinoamericana. A ella le gustaron las escaleras de madera del edificio de al lado; a él, el coche invadido por plantas y ella. Caminaron por Madero hacia el Zócalo; lo rodearon. Cuando los perdí de vista fue porque estaban detrás de la Catedral. Doblaron la esquina pero él, por ingrato, no quiso ir a Santo Domingo, y ella y yo nos quedamos con las ganas. Pasaron frente a mí cuando volvían. Los seguí por 5 de mayo. Hablaban de no sé qué caballos de mar y de tierra, o de la estatua del caballito tal vez, frente al Palacio de Minería, donde estuvieron mucho rato cantando canciones en otras lenguas. Volvimos a Bellas Artes. El domingo ya era noche.

Sin comentarios »

Sin comentarios

¿Algún comentario?



De favor, ponga en el cuadrito los números aquí dados

 

Poniente sur, apuntes personalísimos a manera de bitácora o íntimo diario o váyase a saber, es obra intelectual (las más veces no tanto) de Javier Pulido Luna. No se prohíbe ni se recomienda su reproducción total o parcial y ay de aquel que se atreva.