Décimo segundo telegrama abierto
Vulnerables somos y en la ciudad andamos. De algún modo (de muchos) la estuvimos regando plenamente estos últimos años. No por capricho divino hemos caído de la gracia de los dioses antes propicios a la insigne México-Tenochtitlan, sitiada a estas aciagas horas por una epidemia al mando de un virus mutante (cuánta razón tenía don Jaime). Por pura convicción conservo el buen humor y la esperanza (un miedo vino a buscarme y le dijeron que no estaba, que volviera luego, y áhi lo tienen friegue y friegue). No pecan de inocencia quienes han descifrado las variopintas teorías de conspiración posibles: pecan de ceguera voluntaria y parcial. Alcanzan a prever claramente la manera como las siempre mañosas autoridades pueden sacar provecho de tan delicado asunto, pero no han querido ver que la catástrofe, en efecto, está ahí, pendiendo de un hilo incierto, con potencial maldito. De veras que no tienen. Ojos. Entre virus, mañas y amarranavajas, en la ciudad andamos. Quetzalcóatl nos libre.

Cada persona vive su vida independiente al resto, o eso pienso yo…
Juegos — 2.6.2009 — 15:16