Poniente sur

Se vende petróleo

domingo, mayo 04, 2008

El honorable Dr. John Saxe-Fernández los ha llamado "crímenes de lesa patria". Yo no sé, no he visto claro. Veo que ahí, entre la finísima clase parasitaria de políticos, ya se armó el teatrito de apariencias y otras mañas. No debiera sorprendernos, compatriotas; (mal) acostumbrados estamos a sus solemnes burradas. Sorpréndanos, en cambio, la habilidad con que el extraño enemigo irrumpe en casa y nos profana el nacional subsuelo; la ambición sin fin por nuestro petróleo tan petróleo pero a punto de ya no ser tan nuestro.

¿Que por qué nuestro? Quiso la suerte (todavía no sé si buena o mala) que naciéramos en territorio mexica, maya o tarahumara; quiso además, tal vez con menos entusiasmo, que se instauraran las fronteras, las aguas territoriales y el espacio aéreo; que se fundara una patria (república, para efectos constitucionales) con sistema de gobierno, economía nacional y sus demás yerbas. Si esta a veces intangible patria se construye también sobre los aperos del campesino, si las vicisitudes de la patria lo alcanzan y se lo llevan entre las nacionales patas, la patria es suya y es nuestra; la superficie de maíz que, arduamente y a pesar de los transgénicos, cultiva es suya porque es nuestra.

Sabía López Velarde que "los veneros del petróleo" nacional se los había escriturado algún diablo a la patria; no supo (no pudo saber, intercalaría Borges en su defensa) que otro diablo adosaría aquella escritura a nombre de mejor postor, un tercer y trasnacional diablo. Líbrenos Quetzalcóatl.

Parar la olla

"La que paraba la olla era Remedios", ha dicho Raquel Tibol (ocurrió en la Feria del libro de la Biblioteca Central de la UNAM, me consta) acerca de la hacendosa Remedios Varo, quien, durante los primeros años de exilio en México, le paraba la olla y le ponía la mesa a su no tan hacendoso marido Benjamin Péret.

Pues así, hipotético lector, lectora implícita, en calidad de Benjamin Péret (pero sin surrealismo ni traducciones), fue que concurrí alguna tarde de viernes a la morada de Felipe "el Hermoso" Guevara (conocido rufián que invita al cine a bonitas muchachas orientales y no les paga la entrada). Nadie ignora que mi disposición para la ingesta de viandas es tan férrea como mi indisposición para los vericuetos de la cocina. Por eso la olla tuvo que pararla "el Hermoso" con la colaboración de su ingente séquito de también hermosas aprendizas gastronómicas (dos señoritas cuyo nombre callo por necesaria falta de confianza). Era espagueti, y qué buen espagueti si hubiese buen tenedor.

Diré que el ingrediente que le dio tan singular sabor a aquella pasta no puede ser revelado sin menoscabo de las buenas costumbres; diré además que el secreto de la sazón nos fue revelado en una clase de filosofía. Tocados como estamos por el Poema ontológico de Parménides, quién podría condenarnos por ponerle canela al espagueti.

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Poniente sur, apuntes personalísimos a manera de bitácora o íntimo diario o váyase a saber, es obra intelectual (las más veces no tanto) de Javier Pulido Luna. No se prohíbe ni se recomienda su reproducción total o parcial y ay de aquel que se atreva.