Poniente sur

El misterioso caso del excusado que comía sano

lunes, octubre 30, 2006

Leyenda urbana. Cuentan los que cuentan, que alguna vez, hace mucho, mucho tiempo, de lejos vino a la ciudad un buen mozo a vivir. Cuentan que el buen mozo gustaba de las frutas y que tenía por costumbre mercarlas de buen grado y a buen precio y, en retornando al humilde cuarto en que habitaba, lavarlas minuciosamente en el lavabo del baño, a falta de lavadero en la cocina a falta de cocina. En cierta y funesta ocasión en que el buen mozo lavaba manzanas, cuentan los que cuentan, vínole en gana hacer malabares con ellas. Lanzábalas por los aires y sus habilísimas manos volvíanlas a cachar. Pero así incitó la ira del dios de los malabares con manzanas, Manzalabario, pues habíase olvidado de libarlo y de desollar una manzana en su honor, como aconsejan los antiguos, antes de la práctica de los malabares. En castigo por su osadía, Manzalabario equivocó las manos del buen mozo e hizo que una de las manzanas cayera en el excusado. Desde entonces, el buen mozo ya no hace malabares en el baño ni lava las frutas.

El misterioso caso del excusado que tapado amaneció

No era tarde, no era temprano: era lunes. Nadie ignora que aquí, lejos ahora del hogar materno, carezco de herramientas de plomería elemental y que en alguna de las instancias de mi educación decidí no tomar las optativas Teoría del drenaje profundo e Historia universal del excusado. En mi cuartito, lo más parecido a un destapacaños es un cortaúñas. Quien sepa de ignominias, entenderá que omita los escabrosos detalles. En rápido y altisonante retorno a mi cuartito, me armé de lo que había: botellas vacías (de agua), papel periódico, bolsas del súper, vajilla de unicel importado y un sacapuntas. Hice lo que pude, pero lo hice bien. Terminado el trabajo sucio, satisfice mis ya para entonces urgentes necesidades. Considero que fue mi primera batalla (si ha sido con la ciudad o con el excusado, o aun con el delicadito que en mí subyace desde tiempos inmemoriales, es cosa que no importa ahora) y considero que la gané por amplio margen.

Declaración de finales

Yo quería ponerme, como diría Cervantes, en stand by, pero siempre no. Actividades de universitaria importancia (es decir, nula importancia) y compromisos de naturaleza impostergable, reclaman mi atención. Atención, bien lo sabemos, no hará caso, y presiento que así me irá. Si notasen mi ausencia, sépanme ante el acatamiento de Sor Juana, Quevedo, Lope de Vega y cía., o bien, esclavo de la tercera declinación del latín, en tenebrosa analogía con el niño de Sexto sentido (¡veo lenguas muertas!). Si, por otro lado, notasen mi necesaria propensión a jugar con el significante y el significado, y advirtiesen que es signo de locura el inventar, arbitrariamente, conceptos e imágenes acústicas antes insignificantes tanto en relaciones paradigmáticas como sintagmáticas, sepan, sincrónicamente, que la culpa es de Saussure.

1 comentario »

  1. ¡Hombre!, ¡pobre mesié de Saussure!
    ¿No será que tú te entretienes con cualquier cosa?

    Dinosaurio: Puede que sea, pero puede que no. Lo cierto es que si el buen Ferdinand no hubiera metido mano en la lingüística, quizás esta sería aún una especie de ciencia oculta y yo no hubiese sucumbido ante ella con tanta facilidad. Lo dicho: la culpa es de Saussure. Vale.

    Dinosaurio — 23.11.2006 — 11:22

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Poniente sur, apuntes personalísimos a manera de bitácora o íntimo diario o váyase a saber, es obra intelectual (las más veces no tanto) de Javier Pulido Luna. No se prohíbe ni se recomienda su reproducción total o parcial y ay de aquel que se atreva.